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domingo, 20 de noviembre de 2016

CONCURSO DE SONRISAS (2ªPARTE) ya

Pues no, no es divertido todo lo que se refiere al Plan Cliente, nos aprietan con compromisos sobre limpiezas y buen comportamiento, y nos someten a un seguimiento estajanovista para que seamos primorosos en el trato y escrupulosos con la limpieza. Hay veces que me recuerdan al ejército. Cualquier día empiezo a taconear a la orden del encargado, que se lo ha tomado muy a pecho, quiere ser el mejor de la cartera, relanzarse hacia las oficinas, y lleva muy a rajatabla las normas, como un picoleto cabreado.

Cuando llega siempre se da una vuelta por la pista buscando hiervas, manchas y restos de gasoil en las mangueras. Luego nos hace la relación y yo contesto: "Si, señor, si, señor" disciplinado como un marine americano. "Aquí mi fusil, aquí mi pistola; una da litros, el otro consuela" pienso mientras vuelvo a limpiar los boquereles. 

También, antes de entrar en la oficina, pasa revista para comprobar que mi aspecto sea impecable, que mi sonrisa ilumine mi cara, que mi barba de cuatro días esté perfilada y que mis botas estén limpias y la chapa en su sitio, es un perfeccionista que pasa más tiempo tras mis pasos, que en ordenador, no le falta más que un pinganillo para parecer mi guardaespaldas.

Además, se ocupa, como una madre, de que no me falten toallitas, tapones y piruletas para regalar a los críos que revuelven la tienda, y me recuerda cada día las veinte cosas que tengo que ofrecer. Es como tener a Pepito Grillo todo el día tocándote los h...

El entrenador mientras tanto, vino a recalcarnos los compromisos como un maestro de escuela viene a repasar la lección: Mas sonrisas, esperar a los clientes en la calle, ofrecer lleno, insistir en el bueno y superior -que un día nos vamos a liar, verás-, limpiar sobre limpio, ofrecer la Repsol Mas Travel, y entregar servilletas con los fritos y la bollería. Esos son los siete mandamientos del Plan cliente. De momento. ¡Y limpiar parabrisas, y pronunciar Neotech, y obsequiar con piruletas, y...! Ya era raro que solo fueran siete.

A mi lo que me falla es la sonrisa, no soy capaz de estar las ocho horas como si me hicieran cosquillas. Mi suegra dice que no sonrío por ella, y el encargado que es falta de espíritu, pero la verdad es que soy una persona seria, que no derrocha en gracias ni parloteo abundante, muy a lo Gary Cooper, disparo cuando me tocan las narices, pero frases las justas. Desde luego no soy la alegría de la huerta, así que este concurso de sonrisas frente a mis compañeras, lo tengo perdido de antemano.

Las mujeres, por lo general, son mas proclives a la sonrisa, yo sin embargo, sobre todo cuando empieza el jaleo y las colas, me concentro tanto para superar las siete pantallas, y el aluvión de tickets, que se me olvida la sonrisa y solo pienso en salir de allí con vida.

Lo del sistema informático merece un capítulo aparte, teclas que te llevan a otra ventana, que te piden confirmación, que te la vuelven a pedir, que te llevan atrás cien veces como la bollería y bocadillos, o la Repsol Mas, todo tan complicado que parece hecho a posta para que tardemos más o nos liemos. Cada pasito pa'lante María, lleva un pasito pa'trás, podría decirse.

Por lo demás, hago piernas cuando puedo, y repito el trabalenguas de la Travel, de la Neotech, y del santísimo repertorio de venta, todo con calma, ya digo, que no se saca un Woody Allen parlanchín, de un Buster Keaton cara palo, de la noche a la mañana.

A veces, el estrés me lleva a cometer errores de pronunciación o a tener incómodos silencios cuando ya no sé que contar, por que la persona no quiere nada o ya ha comprado, y esperamos que se cierre la operación... entonces se me hace un nudo y acabo vendiendo el Efitec-Neotech como un producto nuevo, o la Mas-Travel-Repsol, digo la Repsol-Travel-Mas, osea la Travel-Repsol-Mas... la de puntos vaya, que encima no aparece. Otras veces prefiero hablar del tiempo como recurso fácil para evitar tener que hablarle de estos nuevos carburantes que evitan la corrosión, la oxidación, limpian las impurezas, y alargan la vida del motor yo que sé cuanto, mientras el cliente te mira con cara sorprendida pensando: ¿Y este que dice? Y yo dale que dale al organillo.

Sobre la sonrisa, he pensado pintármela como Joker, pero no se que dirá el entrenador, y lo mismo el encargado se cae de culo. Por que pensar en sexo me anima mucho pero no ha lugar en la caja, no se me vaya a caer la baba y la liamos. (Continuará...)



jueves, 6 de octubre de 2016

CALENDARIO DE SONRISAS

Ya está, somos una estación destructora de valor. Por un quítame allá esas pajas, o vaya usted a saber que cosa, tal vez por el antojo de un mal follado/a nuestra estación ha entrado en el abismo de las malas notas. Es la primera vez que suspendemos, no somos repetidores ni nada de eso, pero no hay piedad para los malditos que sobrepasan la linea roja por debajo de siete.

Ya conoceis este sistema, entre sonrisas y limpiezas hemos de estar al menos en puestos de la UEFA, por encima del 7,5, acariciando el 8 un día si y el otro también. Buscan para el futuro la excelencia completa, subirse siempre en el cajón donde viven los campeones, conseguir el diez de manera reiterada. Simpatía, operatividad, limpieza y excelencia son las consignas, ahora elevadas a la décima potencia, por que quieren que seamos perfectos como la voz de Adele, como el cuerpo de una chica Interviu, disciplinados y dispuestos como un grupo de asalto, precisos y atinados como un passing de Djokovic. Esto es el Plan Cliente. Se limpia sobre limpio, después se pasa el algodón para repasar nuestras limpiezas, como si recibiéramos a hiper-alérgicos en la estación. Todo hasta el extremo. La sonrisa debe ser siempre "parte del uniforme", nos debe iluminar la cara, como si cada día nos tocara el cupón. Ah, y la lengua no debe parar, desde que el "objetivo" llega a la estación, ya en pista, le debemos hablar del tiempo, de la magnificencia de nuestros carburantes. Más tarde le ofreceremos la retahíla de productos en promoción, y remataremos con la Once. Alguien vendió nuestra lengua al diablo cuando decidieron considerarnos vendedores.

Ahora, para la remisión de nuestros pecados, y dejar de ser destructores de valor (¡Suena terrible! Nos estamos cargando el trabajo de toda la Red, somos la peste) hemos entrado en una etapa de entrenamiento en la que toda nuestra buena actitud, hay que elevarla al cubo, nuestra correcta forma de actuar -hasta ahora intachable- en lo sucesivo tiene que ser sobresaliente, debe de emanar música.

Primera nota. Hemos de estar presentes en la pista como un guardia jurado, y correr como liebres detrás de cada coche. El otro día por curiosidad  me coloqué un cuenta kilómetros en el tobillo e hice 3,7 kms. en la mañana, un ejercicio sanísimo para el organismo que a veces sorprende a los clientes: "Hace mucho que no me echaban la gasolina" me han dicho un par de ellos hoy. Lo que me retrotrae al paleolítico cuando empecé, y lo que nos costó convencer a los clientes de que se suministraran ellos mismos; dios y ayuda. Pero se consiguió, podíamos decirles sin pudor que aquello funcionaba en autoservicio y que allí estaban las mangueras. También se suprimieron las carteras al hombro, se eliminaron los seguros de los boquereles, querían clientes pendientes con instrucciones claras: "Ponga el importe exacto", "Pague en caja antes de retirar el vehículo". Pues ahora, sin retirar los carteles de autoservicio, quieren que volvamos al servicio atendido (¿Vuelta atrás?). Nuestra empresa se adelanta en este sentido pero no creando empleos que sería lo fantástico, sino multiplicando las tareas. Y no puede decirse que como vendedores no estemos ya bastante atareados, quieren sacarnos el máximo de nuestra energía, ya sea atendiendo, sonriendo o hablando como loros.

El Comité Nacional de Seguridad y Salud de Campsared denomina a este entrenamiento "Calendario de sonrisas" (Acta 2/2016 de 22/06/2016) que me parece muy irónico y acertado; después de los tres meses os diré si se compone de sonrisas o también de lágrimas.

Ahora estoy en el primer mes de entrenamiento, y el resto no suena muy divertido. Me han impuesto unos compromisos que parecen la penitencia para nuestra mala actitud, sin embargo, solo es el principio. Empiezan a recordarme aquella mala época de venta de SPs en la que vivíamos con el agobio de conseguir buenas ventas bajo pena de ser severamente reprendidos por ineptos. Hoy en día se disfraza de entrenamiento pero solo se trata de exigencias y presión, al tiempo.

Por cierto, un par de apuntes, qué difícil pone los nombres nuestra empresa, y pretende que todos se lo aprendan: "Tarjeta Repsol Mas Travel", "e plus diesel neotec", que desorientan al cliente y enseguida le alarman y responde, no, no, yo quiero del normal y la tarjeta, la de puntos de siempre. Pues eso.


lunes, 4 de enero de 2016

fuegos artificiales gadget

MIRANDO ATRÁS/hace unos años

Pues si, hace unos años no existía la venta activa. Eso que hoy nos parece una tarea indigesta completamente habitual, hubo un tiempo que no existía. Qué sí, que es cierto. Algunos tampoco se creerán que había tan solo dos canales en España, y una carta de ajuste para anunciar el fin de su emisión.
Que si, que las gasolineras no hacían bollos ni pan, ni se afanaban en intentar cuajar un capuchino razonable.
Por qué voy a mentiros, hace unos años -y no muchos- los bollos eran envasados, nuestro repartidor de sandwich venia tres veces por semana y colocaba el género. Y las naranjas -el que las tenía- las acercaba un proveedor que colocaba y retiraba el género pasado, y reponía lo nuevo sin decir ni pío, ni poner mala cara.

Hace unos años -antes de ayer prácticamente- la venta activa era cosa de los representantes y los vendedores de pisos, de las putas de la Montera o del Raval, por citar las más conocidas, y de los gitanos de mercadillo, que en esto, siempre han sido unos adelantados a su tiempo.

Todo este sin vivir de ofertas comenzó hace unos siete años, con el famoso discurso de Calzada: "Un cliente, una cocacola, un cliente, un dulce.." vino a decir. ¡Qué poco imaginábamos hasta donde íbamos a llegar!. Nos enseñaron lo fácil que iba a ser camelar a los clientes, convencerles de la necesidad de hacer un gasto extra y superfluo: "Es súper fácil, ¿veis?"

Y llegó, nos trajeron la primera remesa de Cruz Roja, y aquello fue una fiesta. El éxito de la campaña desbordó, como un cava agitado, todas las previsiones. Era posible vender más, y por poco dinero.
Inventaron esas figuras de vendedores ejemplares que se llamaban "promotores del cambio" que en adelante se encargarían de marear al encargado, y  producir dolores de cabeza y mala hostia a los expendedores.

Hasta entonces se trataba de un buen trabajo. Se limpiaba, se colocaba, se vendía, se atendía cortesmente y se intentaba de ofrecer servicio y atención al cliente, buenos productos, y una disponibilidad horaria. Pero la venta activa ya estaba sembrada, sus raices crecían con rapidez y era una actitud depredadora que se zampó a las otras de un bocado. Los buenos vendedores adquirieron categoria de VIP, y se convirtieron en expendedores blindados aplaudidos por las altas esferas, como ejemplos de conducta y modelos a seguir.


No revoltosina, estamos totalmente de acuerdo, no merece la pena, es una putada, nos esclaviza, nos agota, y nos desmoraliza, pero, la empresa quiere que lo hagamos. Y ya está. Y el día que quiera que silbemos canciones como Bob Sinclair tendremos que hacerlo por que ella es la que paga. Y no podremos ganar mucho con ello por que no se mostrará dispuesta a concederlo ni aunque consigamos un hit parade.

Quieren que seamos productivos, muy productivos, es el signo de los tiempos y los sindicatos pueden poco más que poner arneses para que no nos estampemos, nada más, no tiene vuelta de hoja. No queremos hacerlo, preferimos ser expendedores de los de antes, de los que siempre conocimos, de los que fuimos al principio, pero eso no volverá. Las nuevas generaciones lo verán como algo normal, por mucho que les cuenten historias de gasolineros del siglo pasado. Los tiempos empezaron a cambiar desde mucho antes de que lo cantara Bob Dylan, y por mucho que rebusquemos en la letra pequeña de nuestras nóminas los empresarios no van a perder ni nosotros vamos a ganar lo que queramos.

Como si fuera una enfermedad crónica, los sindicatos podrán mitigar el dolor, pero los síntomas estarán ahí para siempre. Aunque ejecutemos a un sindicalista cada dos horas, los empresarios no van a ponernos un avión y cien millones de dólares para que vivamos una vida de puta madre. Soy pesimista, hay que sobrevivir dentro de esta mierda. Y estoy de acuerdo contigo, cada vez huele más. La alternativa es... ¿La revolución?



MUSICA